viernes, 27 de junio de 2014

De sed y de gusanos.


¿Nunca un recuerdo te ha hecho temblar por adentro?
La única manera de curar una adicción es con un vicio. Y yo quiero.
Tengo un animal adentro, una cosa como un pulpo con tentáculos eléctricos. Tengo una sed trepidante de  caerme  hasta el fondo de las cosas. Quiero ser un gusano compulsivo y compulsivamente hacer y ser un túnel en la tierra o en la carne podrida. La oscuridad es mi único deseo. Si salgo a respirar, si toco el aire, me marchito. El corazón, tal como lo traen todos, no me sirve.


sábado, 14 de junio de 2014

Papá.

El cementerio luce muy distinto desde la última vez. Hará diez años que no lo visitaba, acaso un poco más. Sobrepoblado, abigarrado. Flores marchitas aquí y allá. En tu tumba no hay flores y yo vengo, como suelo andar, con las manos vacías. Volver a ver tu nombre inscrito en la loza blanca me causa una impresión honda, un malestar. Aun es temprano y el lugar está casi desierto, una mujer a varios metros de mí acomoda flores blancas y amarillas en un florero. Llovió y el olor a tierra mojada me llena por completo.
Tengo frío, los rayos del sol se tienden como las largas y delgadas patas de una araña sigilosa, con la precisión exacta para sostenerme de pie frente a tu tumba. Sobre el suelo, tu nombre. Abajo ¿qué? No puedo evitar preguntarme qué queda ¿tu esqueleto? ¿trazas de ese traje azul horrible con el que creo que te enterraron? ¿algo del ataúd? ¿Nada? Después de veinticuatro años, probablemente sólo quedan tus huesos.
Lloro y me miro las manos, bajo más la vista y me veo los zapatos.  Estos botines se han hecho viejos muy pronto. Camino mucho con ellos y no suelo lavarlos, hoy no lucen polvosos sólo a causa de la lluvia que mojó el pasto anoche.
¿Qué onda papá? ¿qué pensarías de mí si me conocieras? A veces tengo la idea de que me haces falta, de que si hubiera convivido más contigo habría entendido más cosas en un plano distinto. Por supuesto, sería otra, tal vez habría sido más cauta para fornicar y para beber (es broma). Tal vez no habría crecido sintiéndome tan sola y en la casa habría habido menos silencio y más luz, tal vez  habría hallado menos complicado relacionarme con los hombres, o tal vez no. Quizás mi vida habría sido algo terrible sin tu muerte  o  yo sería exactamente la misma. Nadie puede saberlo.
No es que sea fundamental, pero si pudiera elegir una versión alterna de mi vida, elegiría aquella en la que no te daban tres infartos cerebrales y yo rebasaba los catorce años con un padre sano, sólo para conocerte y saber quién eras.

Pero ya, el hecho es que tengo nada más como ocho o diez recuerdos de ti, inconexos, borrosos, tristísimos un par, y que lamento no haber llorado tu muerte sin freno, no haberme deshecho en llanto durante meses enteros. Lamento haber resistido, porque hoy, tanto tiempo después, conservo una parte del corazón irresuelta y tu recuerdo me es como una piedra pequeñita que sangra.
No creo volver pronto por aquí y no voy venir a colocar flores en tu tumba, pero siempre te imagino.