lunes, 17 de octubre de 2016

Diálogo

-¿Y tú qué haces? ¿Por qué te ves así?
-Nada, hoy no tengo que hacer. He pensado que debería ponerme a transcribir mis notas porque es mejor dejarlas en internet que en viejos cuadernos, aunque nadie las lea, aunque  lo que escribo tenga el valor de aliviarme o complicarme sólo a mí.
-Estoy de acuerdo, hazlo, pásalas a computadora porque no eres capaz de mantener en orden tus libretas. Según tú, usas libretas bonitas y con separadores para organizarte, pero ayer vi tu cuaderno el del gato y me dio pena: puedes leer comenzando por el principio o por el final, o ir girando la hoja. Siempre se te pierden los apuntes, vas de tus cavilaciones íntimas a tus apuntes de derechos humanos, eso sí, siempre hay rayones y dibujitos feos. 
-Sí, ya sé.
- Pero ¿como qué transcribirías?
- Mhh, pues a ver, podría ser esto, por ejemplo:
Venir a un café vacío, escapar de la oficina y de mi casa. Escapar de todos los lados, pero escapar mal porque sigo conectada a la internet sólo para comprobar que no puedo hablar con nadie. He bebido una taza de chocolate caliente en la que pensé toda la mañana. Estuvo deliciosa. La música que suena es agradable también.
Podría volver a casa y recostarme un momento, mi madre cuida a los niños. Mi marido debe haberse ido ya. Le he dicho que no tengo más interés en él y no le dio importancia. Llevamos semanas sin tocarnos ni vernos. Ahora mismo no podría decir si conserva su barba o ya se la quitó.
Por otro lado, en el trabajo me están dejando solamente las migajas. Soy un gato inapetente. Veo cómo la gente se reparte lo que  hay. Me importa y no. Sé que pierdo el respeto de personas a las que no respeto.
Carreón Perea, Jorge. Voto y ampliación de derechos.
Derecho al voto en el extranjero para población migrante
Países receptores: Tendencia a reconocer derechos civiles pero no derechos políticos (forma de exclusión)
Países de origen: Tienden a reconocer derechos políticos cuando a menudo han negado derechos económicos y sociales.
Voto en el extranjero - inclusión/exclusión.

-Mmmhhhh, pues ahí tú valóralo.

- Pues ya, no hará daño lo que escriba y a mí siempre me hará un bien:
Las miradas invaden. Invasión de la mirada.
Como quiché de tocino con queso y ensalada alemana y me doy vacaciones ¿Hago mal? No. Es viernes ya , me vestí de verde y unas flores casi rojas, de las que desconozco el nombre, alegran mi mesa y mi soledad poderosa y tibia. Hago lo que quiero, haz tú también lo que quieras, eso es bueno.
Aquí uno está leyendo, otros conversan, otros se miran y sonríen, otros se besan. Yo escribo y como. Cuanto placer, cuanta libertad tan exquisita. Que bueno es estar entre gente enamorada o dormida. Que bueno es quitarse el hambre oyendo jazz e inyectarse un suero de invierno transparente.
Respirar el olor de una comida sabrosa y unas flores. Mirar la calle a través de un cristal limpio. Pedir la cuenta y dar gracias por la vida.
Mi cuerpo es dulce y tiene sueño
(Aquí van unos dibujitos feos, pero graciosos)
Mi cuerpo es dulce y tiene sueño.
"She screams like a bear, she moans like a cat when she wants to be heard"

- Mhhh ¿qué te puedo decir? Los Doors siempre nos gustaron.

-Ya no digas nada, mira esto:

Yo misma me vuelvo un fantasma cuando visito este viejo edificio. Soy un poco fantasma, me vuelvo la niña de hace treinta años y mi maldad me atemoriza. Me produce escalofríos  cómo yo misma soy un misterio para mí, cómo a los diez años mi corazón era una pequeña piedra gris y egoísta.
Estoy aquí sentada y los escritorios no se han ido, los uniformes permanecen encima de otros cuerpos, el suelo, las bancas, la señalética, es todo igual. La gente que ha coincidido hoy conmigo se siente enferma o quiere estarlo: Una anciana con sobrepeso, cabello muy corto, modos chocantes  y una papada a la que parece que le han inyectado aire. Un hombre con permanente cara de pasmo. Mujeres con sus hijos. Todos estamos resignados a pasar la tarde entera esperando, hablando con el médico, haciendo fila en la farmacia.
Llevo varios minutos aqui y lo que más me ha llamado la atención es una mujer que se parece a Macaria y que envuelve un rollo de papel con mucha precisión. Papel higiénico de un tubo de cartón a otro. Ella mantiene la vista fija y ocupa sus dos manos, su concentración la eleva por encima de todos los que estamos  sentados solamente esperando o conversando. En segundo lugar me ha llamado la atención una gran beata, una mujer muy alta, delgada y con joroba, que lleva una falda hasta los tobillos, mocasines, chaleco y gafas. Al mirarla siento una especie de respeto, como si la autoridad moral fuera directamente proporcional a la fealdad, al menos en su caso.
Voy a mentir
¿Voy a mentir?
Las naranjas son mi única verdad posible. Miro a toda esta gente sentada y esperando, resignada al aburrimiento y me pregunto ¿Acaso no nos hace falta la poesía? ¿Acaso no deberíamos exigir poder vivir sin que todo tuviera un precio? ¿No deberíamos articularnos en una lucha que nos permitiera gozar más?
Si obtuviera una gratificación cada vez que subo fotos a Instagram estaría muy bien gratificada.
Fotos con tachuelas
Tachuelas en dibujos
sacapuntas- sharpeners
Los novios en la tarde
Mi cabeza mareada
Mi cuerpo solitario
Estos pies que no aceptan los pasos por completo
Mi certeza. Una certeza sobre la amistad. No hay arrogancia más lamentable que despreciar una amistad. Mi amistad ha sido despreciada un par de veces. Eso, en realidad, no sé cómo perdonarlo.

25/01/2016
Hasta los más viejos y los más sucios están enamorados.
La gente se espera mutuamente. Se escucha. Sonríe bajo los raquíticos rayos de un sol de invierno.
Yo soy fantasma. Tasmafan. Matasfan.
¿En qué lugar perdí  mi significado? ¿Por qué voy como sin oxígeno? ¿Por qué no soy por completo? Una piedra sabe ser mejor yo. Que valientes las que saben cuándo deben irse y se van. Las que entendieron que el amor, la maternidad y las oficinas no eran para ellas y no acudieron,  ni esperaron, ni soñaron con nada de eso.
Dejaré de buscar
He dejado de buscar
      Ya no busco
       Córtenme los brazos
       No los quiero_No quiero nada #nobuscomás #nodeseo

- ¡Uh! a veces te azotas en donde hay vidrios (¿las naranjas son tu única verdad posible? ¿Es neta?)

- ¡Oh! Espérate, todavía no has visto nada.

¿Es difícil o no tener cuarenta años?
Es difícil. O no.
¿Qué me complica los días? ¿Con qué me los complico? Hay momentos en los que no sé si finjo o soy genuina. Hoy me levanté de mi escritorio media hora antes de mi hora de salida, de pronto me resultan tan absurdos los horarios: de 8:30 a 14:00 hay que estar en la oficina; de 14:00 a 15:00 horas hay que comer con precisión. Yo hago un viaje de 7 minutos en autobús para llegar a casa; mis compañeros comen en la oficina todos juntos, se gastan bromas y después todos volvemos a sentarnos frente los monitores deseando, también estereotipadamente, echarnos a dormir una siesta lejos de la oficina, en nuestras camas.
¿No es este un mal teatro? Muchos lo han observado antes que yo y siempre ha sido revolucionario materializar el deseo. Con eso del dinero nos tienen sujetos por el cuello. Nos han convencido de que sacrificar nuestros deseos es necesario, imprescindible, porque si no trabajamos como asnos y rutinizamos nuestros días no sólo no tendremos de comer -es lo de menos- sino que nos esperan tragedias inauditas: no podremos comprar ropa de marca, ni pagar el internet, ni comprarle a nuestros hijos e hijas un juguete-basura cada semana.
¿Por qué estamos convencidas de que la pintura que siempre hemos querido intentar no es importante? ¿de que el sueño que hemos deseado dormir hasta las diez de la mañana es vergonzoso? ¿Por qué pasar un día tras otro en la oficina hablando de trabajo es más importante que embriagarte un poco con tus amigas escuchando música?
La farmacia del hospital está a reventar, esperaré por lo menos 45 minutos para recibir mis medicamentos ¿Acaso no enfermaríamos menos si no gastáramos tanto tiempo y energía a cambio de un salario?
Seria mejor que cada quien sembrara unos cuantos vegetales en su jardín, hiciera murales en las paredes de su casa y les contara historias de aventuras a los niños y a las niñas de su vecindario. Enfermaríamos menos si durmiéramos hasta que se nos acabara el sueño. Si fuera más importante la libertad que el poder.
Para mí es más importante la libertad que el poder. Es más importante la libertad que el poder.
La libertad es importante, el poder no. La libertad es importante, el poder no. La libertad es importante, el poder no.
Siguen repitiendo en la televisión esa escena trillada de la joven que no quiere tener sexo con su novio para que éste no le pierda el respeto, como si el placer -o la sola promesa del mismo- envileciera.
Yo busco la libertad, no el poder. Yo busco la libertad, no el poder.

05/01/2015
La tarde transcurrió oscura, quieta y en silencio. Ha sido la tristeza lo que me enfermó. Ha sido el llanto lo que me provocó la fiebre, el pesar fue la causa de mis  dolores  en las piernas, lo que casi me impidió caminar. Dios, llévame a donde debo estar, tú sabes cuál es mi lugar, allí condúceme. Permíteme hallar vigor mañana, pero esta noche déjame permanecer quieta , sorda y lejana.
Esta noche perdónenme todos, si me muevo se  me caen los brazos, no en una pieza, sino en mil pedacitos que no podría volver a armar nunca. Por eso me he acostado muy despacio y respiro con lentitud. Sé que estoy a punto de romperme, que estoy rota de por sí.

- Revolución y súplicas a la divinidad... no, hay algo que no cuadra.

- Si se trata de que las cosas cuadren, estoy más que perdida. Mira ¿te acuerdas de Toño? Él me regaló esta libreta. Página 3:

Me bañé con agua fría, había estado bailando en mi habitación con los audífonos puestos mientras los niños veían una película. En el otro cuarto, él miraba un partido de futbol como el 80% de la población del país. Él no era directamente culpable de cómo me sentía, pero forma parte de lo que deseo dejar atrás. Él es lo que me define en gran medida y una parte de mí no puede perdonarlo por eso.
He estado llorando desde ayer, al principio pensé que la causa era Erre, pero ahora sé que lo que me hace llorar es algo más grande, o tal vez más pequeño porque lo tengo enterrado en el corazón desde hace años, desde siempre. Es algo más grande y más fuerte que yo. Como un demonio que soy yo misma y que tengo que derrotar para seguir viviendo, sólo que hacerlo es igual a derrotar mi esencia. Es como pisotear el centro de mi alma.
Mi vida es perfecta y aun así la encuentro insoportable. Por momentos me ahogo con mi matrimonio, con mi casa y con mi empleo. Quisiera huir hacia ninguna parte. Cien mosquitos me acechan y un perro con rabia me persigue, el problema es que el perro me ladra desde adentro, quisiera darle un tiro, envenenarlo, pero su garganta es mi garganta, sus dientes son mis dientes, la espuma de su enfermedad es mi propia saliva. Entender mi encierro no consigo.
He pensado, como dije antes, en huir, pero ¿cómo escapas cuando la cárcel la traes adentro? Tu prisión es un laberinto, un hormiguero, y no tienes los planos, sospechas que en otro ataque de locura probablemente tapiaste las entradas. Sólo eres carne que aguijonea una legión de mosquitos. Tan cotidiano y tan insoportable.
Un poco de alcohol me ha templado el alma, junto con el baño de agua helada, el paseo, la caminata al parque, lavar los trastes, doblar y acomodar la ropa, bañar a los niños. Esos son los alfileres de los que penden mi persona y mi realidad, mi irrealidad también.
Me pregunto si estando en la montaña fumando y viendo estrellas y luciérnagas me sentiría mejor. Desconozco la respuesta. Desconozco si el mar me calmaría, si la soledad me caería bien. Ignoro si la libertad en la forma que la añoro me sería benéfica o me perjudicaría.
Pienso y vivo en dimensiones múltiples. Alrededor y dentro mío todo me parece un caos. ¿Todas las personas se sentirán así? ¿Habrá alguien más que sienta esto?
Sé que debo quedarme callada y quieta y que poco a poco las cosas recobrarán forma y sentido. Sé que si me detengo, en algún punto el mundo se detendrá también. Y puedo detenerme, pero no quiero. Iba a decir que no sé si quiero, pero como no lo hago, entonces supongo que no quiero. Una parte de mí, que resulta increíblemente poderosa, no quiere detenerse. Tal vez es mi cabeza, o mi sexo, o un cabello que nunca se me va a caer. No sé si sea uno de mis codos, pero es una parte obstinada y poderosa y no me permite hacer una pausa y disfrutar mi vida.
Me encuentro girando y rebotando contra las paredes y los techos, deseando hasta la angustia todo lo que no puedo tener, pero claro ¿qué otra cosa se desea?  26/06/2014

- ¿Qué? ah ah sí, perdón, me dormí un ratito.


viernes, 7 de octubre de 2016

Respuestas

Pregunto en las madrugadas y obtengo respuestas hacia el mediodía. Por ejemplo:
¿Qué me sacaba de la cama a los veinte años?
Las ganas de orinar.
Hay cosas que no cambian, y que bueno.
Agradezco mis riñones-despertador  y deseo que no me fallen Nuca Jamás.
Que tampoco se clausure mi cabeza- laberinto y les deseo una vida larga y feliz a mis brujulosos pies.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Flashbacks

Llevaba puesto en las yemas de los dedos el olor desagradable del tabaco. Era de noche, su esposo y su hijo dormían en la planta de arriba. Entró en la casa y caminó en la oscuridad. Había un silencio extraño, sin voces y sin la tele prendida le parecía estar muy lejos. Sentía una especie de tranquilidad vivificante. No subió las escaleras, le daba miedo romper la atmósfera, por eso se movía lentamente, intentaba dar pasos perfectos, sentir a plenitud la frescura y la dureza del suelo. Atravesó la sala hasta llegar al sillón que durante el día era rojo y que ahora se hallaba envuelto por las sombras. Se recostó despacio, estaba demasiado liviana, demasiado sola. De pronto recordó los temores que la asaltaban cuando niña. Enseguida se forzó a pensar en algo distinto. 
Oyó voces en la acera, dos hombres discutían, probablemente ebrios. Tras unos minutos uno azotó al otro contra la puerta, ella permaneció quieta: de arriba llegaban los rítmicos ronquidos de su marido, de afuera, los quejidos de un extraño. Uno de los hombres quedó tirado frente a su casa, la pelea había terminado. Con frío trepándole por las piernas, se preguntó cómo sería ¿gordo? ¿joven? ¿drogadicto? Afuera, él tenía una herida en la cara, golpes en el tronco y una cortada leve en el muslo, dentro de la casa ella se mordía las uñas y escuchaba. Pasaron unos minutos y el hombre se incorporó trabajosamente con intención de llegar a su coche. No había dado ni tres pasos cuando se abrió la puerta. Ella no había podido contener la curiosidad, quería verlo. 
Se dio cuenta de que era un tipo alto y más bien delgado. Aunque estaba muy dolorido y medio borracho, notó que ella estaba en calzones, que llevaba una playera sin mangas y que tenía el pelo corto y las piernas largas. En ese silencio oscuro e incierto de la madrugada, ella se movió y le indicó que entrara, él se acercó y caminaron hasta el sillón rojo. Se recostaron trabajosamente. Ella le pasó la mano con suavidad por las heridas del rostro, luego se tocó la nariz y se chupó los dedos.
Permanecieron quietos y tensos, habían de por medio una erección muy potente que ella percibía y una humedad que él adivinaba. La sangre de él se repartía discretamente entre ambos. Los rostros muy juntos, los pechos de ella muy cerca de sus manos. Se quedaron ahí los dos, extraños de carne y hueso, en una situación tan irreal que en cualquier momento podía romperse como un cristal. 
Hasta el amanecer se sumieron en un sueño indefenso. Ella abrió los ojos sobresaltada y lo obligó a despertar, sin decir una palabra lo ayudó a levantarse y lo llevó a la puerta. Después de cerrar, volvió al traspatio y encendió otro cigarro. En el sillón rojo se disimulaba una manchita de sangre. 
Farhad despertó de un humor sombrío, como de costumbre. No se dio cuenta de que su mujer tenía en la camiseta unas gotas de sangre ni le dio las gracias por el desayuno. Hace meses que hablan poco, se miran menos y no tienen sexo. Llevan casi siete años de matrimonio y desde hace un par saben que todo se ha venido abajo, pero son incapaces de mirar las ruinas. No pueden creerlo. Se amaron mucho, con enfermedad y con delirio, en el fondo los dos tienen la esperanza de que quede algo de ese amor de alguna forma, oculto en algún lado.
Ella se enamoró de Farhad Guodarzi cuando comenzó a trabajar en la cafetería de la mina de mercurio. Los dos eran personas solitarias y ella era, además, muy joven. Había escapado de casa de su madre sólo tres años antes, cuando todavía estudiaba la preparatoria. Su huida fue repentina, decisión únicamente de sus pies. Así se explica que, sin haberlo planeado, esa mañana de abril se levantara en mitad de la clase de biología para salir corriendo de todas partes: de la casa en la que vivía, del salón, de la escuela, del pueblo, sin escuchar a nadie, sin un centavo, únicamente con la ropa de hombre que su madre la obligaba a utilizar diariamente.
Desde ese día dejó se sentirse como un animal de carga, corrió tanto que se desmayó a casi cinco kilómetros del pueblo. Afortunadamente, esto ocurrió frente a una gasolinería en la que hacía parada un autobús lleno de ancianos que iban de excursión. Ellos le prestaron auxilio y la llevaron hasta Villa Libertad, un hotel spa enclavado en la montaña. Luana, que esa tarde se cambió el nombre a Roxanna, les contó su historia a Max y a Pepe, los dueños de Villa Libertad, y ellos la invitaron a quedarse a trabajar un tiempo. Vivió en el hotel un poco más de dos años, conoció personas de varios países, aprendió a bailar, a reír y a sentirse bonita e inteligente de vez en cuando.
Nunca volvió a visitar a su madre, no tenía ni un sólo recuerdo amable de ella, tan sólo palabras amargas, pellizcos y castigos en los que prefería no pensar. Había recuerdos que le provocaban un llanto lodoso, así que se tenía prohibido recorrerlos. De todos modos a veces se soñaba pequeña y encerrada durante horas en el baño con un plato de comida fría, o sonaban en su cabeza los gritos de su madre llamándola desgraciada, diabla o fea. Por mucho tiempo su única misión fue olvidar. Liberar su espíritu de aquello que su cuerpo había dejado atrás.
Farhad desayunaba pensando en Abadán, su ciudad natal. Tenía ganas de volver. Roxanna pensaba en el extraño con el que había dormido la noche anterior y el recuerdo la excitaba, sentía en el cuerpo inmensidad y exuberancia que le resultaban poco familiares. Sentía como si sus piernas midieran kilómetros, como si en su sexo fluyera un manantial de aguas termales y en su cabeza se hubiera instalado un parque de diversiones. Dejó a Farhad desayunando con el niño y subió a bañarse. Obtuvo tres orgasmos en la ducha y se arregló con entusiasmo. Su marido no se dio cuenta de nada.
Cuando se conocieron, Farhad era un fotógrafo reconocido, había llegado a México por una serie de extraordinarias coincidencias y tenía una buena amistad con el director de la mina de mercurio, así que frecuentaba la cafetería y allí conoció a Roxanna. Con almas solitarias y de carencias semejantes, salieron tres o cuatro veces y pronto se enredaron en un amor laberintico y un poco enfermo. Al principio una gran fiebre lo deformaba todo entre ellos, cuando ésta fue cediendo, Roxanna estaba embarazada y llevaban un poco más de tres años viviendo juntos. 
En cuanto Farhad se fue al trabajo, Roxanna alistó al niño y lo llevó a la escuela, después pasó por el supermercado para comprar los ingredientes del pay de plátano que debía entregar por la tarde. Todo el día pensó en el extraño, se preguntaba si a la luz del día hubieran sentido el deseo de abrazarse y acostarse. Ella esperaba que él se apareciera, su mirada estaba sedienta de volver a verlo.
Salió a fumar cuando se durmieron su esposo y su hijo. El silencio, la oscuridad, la inquietud, todo se repitió, sólo que el extraño no se apareció. Ella estuvo mirando por la ventana un rato largo y se entristeció esperándolo. La verdad es que el hombre pensó en ella, pero el recuerdo era demasiado confuso y entre la resaca, los reclamos de su esposa, el trabajo y el dolor de los golpes, ella se esfumó de su mente alrededor de las cinco de la tarde. Por supuesto no hubo ni una sola lágrima en ese olvido, era un hombre burdo que pensaba que las mujeres existían para servir a los hombres y en esa idea estaba basado su matrimonio: él trabajaba mientras su esposa gastaba su vida asegurándose de que todo lo doméstico estuviera en orden. Roxanna nunca lo hubiera soportado en realidad, pero en su fantasía se encontraba con el extraño y hacían el amor quinientas veces.
Farhad experimenta una suerte de repulsión hacia el mundo musulmán. A miles de kilómetros de Irán se siente liberado, no practica el islam y no está interesado en el poder, sino en la libertad. No le gusta recordar los años que vivió bajo ese régimen autoritario y sus deseos de volver, sabe en el fondo, son producto de un espejismo. Extraña el abrazo de su madre, los juegos con los amigos del barrio, el olor a perfume violetas de su primera novia y el aire tibio del verano en el jardín central. Extraña cosas que ya no existen, pues. 
A veces a ella le da sueño muy temprano y se queda dormida junto a su hijo, entre juguetes de peluche y sábanas de Scooby Doo. A veces se queda dormido Farhad leyéndole un cuento al niño. Nunca coinciden, como si habitaran en distintos continentes. Cuando ella ronca, él trabaja en guiones para películas que no van a producirse nunca. Cuando él se queda dormido como un tronco, ella sale a fumar, se inquieta y deja entrar –o piensa que la visitan— hombres desconocidos, borrachos y heridos.
Mira a Farhad de soslayo.
-Es un hombre guapo, sólo ha engordado un poco— piensa mientras aspira el aroma del té que bebe a diario para relajarse. Son las seis de la tarde, ella lo ha olvidado pero esta era su hora favorita del día, cuando incontables aves cruzan el cielo de la ciudad de vuelta a sus nidos. De pequeña, en el pueblo al que nunca sentirá deseos de volver, miraba nubes veloces integradas por diminutos cuerpos negros. Pensaba que eran pájaros que iban de regreso a sus nidos a dormir juntos y felices y se sentía miserable porque ella iría a dormir sola en un catre abajo de la escalera. Nunca lo supo, pero aquellos no eran pájaros, sino murciélagos, cientos de ellos, dejando sus cuevas para ir a hacer un trabajo que frecuentemente sólo se les reconoce a las abejas y a las mariposas. Roxanna envidiaba a los murciélagos, pequeñitos y desagradables, tenían una vida más amena que la suya. 
Farhad no fue el primer hombre con el que tuvo sexo, pero sí el primero del que se enamoró. Después de todo, para ella se trataba de un gran fotógrafo iraní. Cuando vio la exposición que se montó en la galería del Ayuntamiento de la ciudad quedó muy impresionada, siempre la describió como la representación de una tristeza muy sólida. La exposición se llamaba Mercurio en la memoria y estaba basada en una serie de ideas que Farhad había escrito respecto al planeta a partir de un sueño.
En ese sueño, él era un mensajero buscando a Dios para contarle un secreto que lo asesinaría. Dios no quería hablarle y lo citaba en diferentes planetas –todos una variante de Mercurio— que estaban vacíos cuando Farhad llegaba. Mientras más Mercurios recorría, Farhad sentía menos fuerza, más dolor y más desesperanza. En el último planeta por fin se encontraba con Dios y le contaba el secreto. Dios moría y Farhad estaba tan cansado que no podía volver a la Tierra. Se quedaba dormido y había una tormenta de arena en la que a fin de cuentas él moría también. La fotografía que representaba esta última escena hizo que Roxanna llorara a lágrima viva durante tres noches y, por supuesto, que se enamorara profundamente de Farhad Guodarzi.
Con raíces que los dos querían olvidar a toda costa, al principio no se exigieron demasiado, tal vez porque lo tuvieron todo: mucho sexo, el departamento de Farhad en el octavo piso del edificio Blue Cove, un auto compacto para cada quien y el pago mensual del Instituto parisino que becó a Farhad para producir Noche incandescente, con base en el talento que anunciaba Mercurio en la memoria. Roxanna siguió trabajando un poco más de un año en la cafetería de la mina y luego se puso a estudiar repostería y se dedicó a vender panes y pastelitos que ella misma horneaba, más por diversión que por necesidad. 
Los meses comenzaron a perder velocidad cuando Farhad se sintió atraído por Claudia Pol, una mujer que llegó a vivir al departamento me enfrente. Nunca sostuvieron una conversación que fuera más allá del buenos días, pero Claudia Pol sólo utilizaba minifaldas y tenía unas piernas muy largas y bronceadas, además sus pies eran perfectos y casi siempre llevaba sandalias. Farhad comenzó a masturbarse todas las noches pensando en los pies de Claudia Pol. Antes de que pudiera plantearle a Roxanna una separación, ella le contó que estaba embarazada. 
En ese momento el curso del tiempo se detuvo para él. Para ella el tiempo se había detenido tras semanas atrás, cuando se le retrasó la regla. En ese momento la saliva se le amargó y su corazón pareció quedarse sólo en un salón inmenso, en un vacío angustioso: iba a tener un bebé, estaba embarazada. Hubiera o no querido convertirse en mamá, ya iba a serlo. Tenía una vida que no era suya guardada dentro ¿la quería o no? ¿Sería capaz de acompañarla no sólo por nueve meses sino para siempre? Un ser humano. La idea era demasiado para ella, no estaba segura de ser capaz de guiar a un ser humano. Ni siquiera estaba segura de poder guiarse a si misma. Vivía con Farhad y lo quería, pero no sabía si quería una relación de por vida. Roxanna sintió el peso del futuro y sintió un dolor profundo. El salón vacío en el que se hallaba su pequeño corazón amoratado se llenó del miedo que provenía de su vientre y del amor que le corría por las venas. 
Farhad se había encerrado en el baño como cada noche de diez a once. Ella miraba la televisión, tensa como cuerda de violín, tenía amarga la boca y le costaba tragar saliva. Hasta le dolía un poco la garganta, como si le hubieran introducido una piedra lisa y redonda de río y se la hubieran atorado justo atrás de la manzana de Adán. Le costaba trabajo respirar.
Farhad se lavó el sexo después de masturbarse pensando en que le chupaba los pies a Claudia Pol. En cuanto llegó a la recámara, Roxanna comenzó a hablar. Él recibió la noticia sin expresar sobresalto. Farhad, al contrario de Roxanna, no era muy expresivo. Cuando supo que Roxanna estaba embarazada sintió que tenía un deber que cumplir. Si ella decidía tener al bebé, él estaría obligado a vivir en familia. Esa idea se le presentó como un abismo. Sin embargo, vio a Roxanna tan llena de miedo y de amor, llorando tanto y hablando tanto, que se sintió reflejado en su llanto y en sus palabras. Le pareció que todo lo que ella decía era verdad y la quiso. Redescubrió la belleza de su rostro y lo inteligente que le parecía. La abrazó y ella recordó el dulce alivio que sentía al lado de ese hombre. Hicieron el amor como si se practicaran un exorcismo y al día siguiente el embarazo de Roxanna apareció como un acontecimiento profundamente deseado.
Los primeros años con el bebé estuvieron llenos de tranquilidad. Farhad se olvidó de Claudia Pol, Roxanna se olvidó de Farhad y este a su vez se olvidó de Roxanna. Ambos se dedicaron a su pequeño Javier y todo funcionó bien hasta que el dinero dejó de llegar constantemente. Comenzaron a escasear los apoyos económicos para el estímulo artístico y también, la verdad sea dicha, la imaginación de Farhad se estancó y no concluyó varios proyectos. Para mantenerse a flote aceptó impartir cursos en una universidad, no le gusta tratar con la gente ni enseñar, pero le pagan bien y así cubre las necesidades de su familia, con ese razonamiento se explica su situación. Llevan juntos mucho tiempo. Ella fuma en el patio noche a noche, escucha cómo ronca su marido y busca, sin saber cómo ni en dónde, un sonido diferente

martes, 6 de septiembre de 2016

Jack



Por  cosas molestas e irrelaventes, tuve que esperar a un cerrajero en mi coche durante un par de horas. Tenía más sueño que hambre, pero antes de sucumbir y echarme a dormir como cualquiera, me fui a dar una vuelta por las redes sociales, también como cualquiera.
En instagram descubrí un retrato del joven (muy joven) Nicholson fumando en el agua. Esa imagen me hizo sentir totalmente infeliz, me sentí miserable por no haber estado en ese lugar y en ese momento. 
Quise, no, deseé intensamente  tener veinte años, el cabello muy corto y los ojos muy grandes. Quise llevar puesto un bikini anaranjado con amarillo y unas gafas oscuras, de esas enormes. En mi mente se preparó la escena: Una tarde en blanco y negro en la que él no distinguía más colores que los de mi bikini. 
Perdonen, pero tal como algunos hombres se excitan a la vista de grandes tetas y traseros inflados, a mí me excitan la cabeza del joven Jack y su mano sosteniendo un cigarro encendido mientras el resto de su cuerpo está sumergido en el agua. Me entusiasma imaginarlo bajo un sol que ya se apaga y entre la energía de unos besos que aceleran la sangre porque son inminentes.
No entraré en detalles, he sido calificada como una narradora torpe, diré nada más que, de esa foto, el principal misterio para mí son los dientes del muchacho.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Domingo en la noche

Tic Tac
Me desarmo
Tic Tac 
Me vuelvo a armar.
En esto pienso mientras, sentada en mi cama con la computadora sobre las piernas, recuerdo a mi amiga y quiero ir a Veracruz. Siempre quiero irme de viaje y siempre quiero escribir, pero no hago ni lo uno ni lo otro. Hoy hice otras cosas que quería hacer, sí, como ir a comprarme unos tenis y llevar a mis hijos al cine, pero no fui al mar y no escribí. Unas cosas por otras, dice la gente. Si tuviera cuatro manos, dos caderas, tres pares de ojos y un juego de corazones intercambiables, mi vida sería más fácil. 
Voy a desearlo con fuerza, después de todo, mi compañera deseó involucrarse en el teatro y la eligieron juez en el concurso "La mejor obra del año". Ahora tiene pases gratis para calificar veinte obras teatrales en la Ciudad de México -CDMX- durante un año. Así que yo bien puedo desearme otro cráneo y tres pares de pies.
Mañana corro a tres sitios distintos y me siento a las cinco en punto en dos sillones: uno en el Centro de la ciudad y otro en Cholula, voy a pedirme boca doble y en Cholula me como un croissant y en el Centro un helado de vainilla.
(Nótese que a alguno de los sitios que visite no llevaré cadera, por lo que permaneceré de pie)
Mañana es lunes, sí, será un gran día.

viernes, 29 de julio de 2016

Combinaciones

¿Pues qué? ¿Si combinamos lo muerto con lo vivo qué obtenemos?
Tres pisos de ocho horas y música que no suena en el ambiente. Poesía que se desliza por un cablecito verde y se me vacía en la cabeza. 
Voces con las que no puedo hablar, no sé por qué.
La belleza duele y paraliza, el aburrimiento es comezón y un movimiento corto y rápido del pie.
A las ideas brillantes no les gusta mi cerebro.

Verdad. Sí.

lunes, 25 de julio de 2016

Loca iaiaiaiaiaiaaia

Después de reflexiones intensas y fugaces como estrellas, concluyo que mi mayor deseo es estar loca de remate. Es decir, quisiera ser muy capaz de mandar todo a la chingada sin remordimientos ni dudas y, sobre todo, sin drama alrededor.
¿Se acuerdan del personaje que hace Kevin Spacey en American beauty? Pues así. Me gustaría un día renunciar -con una cuantiosa liquidación- a mi vida tal como la conozco para descomplicarme. Trabajaría en un Toks  un par de días (¿existen los Toks todavía?) pero sólo porque me gusta el uniforme (era un uniforme verde agua ¿qué no?) y quiero probar mi paciencia con los clientes. Siento curiosidad por investigar si soy capaz de sonreír mientras lleno repetidamente  las tazas de café de personas que, a diferencia de mí,  tienen tiempo para aplastarse a conversar durante horas.
Después de mi experimento como mesera me iría a vivir al campo, siempre al campo. Aprendería sobre el cuidado de las vacas y tendría dos: una negra a la que llamaría Blanca y una blanca que se llamaría Negra.
También tendría un caballo de esos enormes. Sería café, para mí todos los caballos deberían ser cafés. Aprendería a montarlo y me iría con él al bosque todas las mañanas después de ordeñar a Negra y a Blanca. En lo profundo del bosque dedicaría horas enteras a mirar a mi caballo, no le pondría nombre y si alguien osara intentar ponerle alguno yo nunca volvería a hablar con esa persona.
Al mediodía regresaría al pueblo y pasaría a comprar tortillas y manzanas, manzanas y tortillas. No me importaría que nadie me visitara nunca. Tendría libros, lapiceros, hojas y pinturas. La sala de mi casa estaría llena de fotos de los ojos de mi caballo. Escribiría con plumones Sharpie por todos lados. Me escribiría recados en el rostro frente al espejo. Estaría loca y flaca y nunca me preocuparía por lo que los demás pensaran de mí.
Por las noches me acostaría a contemplar el cielo desde la azotea, allí tendría una tienda de campaña para meterme a dormir. Sería tonta y lista al mismo tiempo y eso a nadie le importaría. Absolutamente a nadie, ni a mí.

jueves, 16 de junio de 2016

Zancudos

Acabo de matar varios zancudos en la sala de mi casa. Gasté como treinta minutos, había unos quince y algunos dejaron manchas de sangre en la pared.
¿Qué tal si Dios un día se levantara y nos aplastara como nosotros aplastamos a los zancudos?
¿Por qué estaría mal? si nos portamos como plaga
¿Por qué no? Si vamos a trabajar, cobramos y nos encerramos en nuestras casas a ver televisión todos los días como si nada pasara.


domingo, 29 de mayo de 2016

Debajo de las piedras

Soy de esa gente que viene al parque los domingos, de esas mamás que traen a sus hijos para que jueguen y se coman una paleta helada. Soy una mujer que se sienta a disfrutar el calor fresco de la tarde y se entretiene mirando cómo se estrellan los chorros de agua en la fuente de piedra. Escucho canto de pájaros, voces, ruido de autos, carcajadas de niños. Soy feliz. Me hace feliz el paso alegre de dos monjas uniformadas y jóvenes. Me hace feliz ver a una niña, a una joven y a una anciana que caminan juntas y sonríen. Pienso que se quieren y que se cuidan entre las tres. Pienso que hay personas a las que amo y cuido. Vengo al parque a buscar esperanza hasta debajo de las piedras, esa es la verdad.

jueves, 19 de mayo de 2016

Ella existe. Quisiera hacerse gigante como Alicia o por lo menos hacer crecer su cuello hasta las nubes. Irse sin irse, como a veces lo hace. No sabe bien cómo estar entre la gente y está exhausta. Se hace tarde, dice. Yo me pregunto para qué, y ya no hay nadie.