¿Qué sientes cuando dices abdomen?
¿Que te hundes? ¿Que estás lleno de vìsceras?
Decir abdomen, decir cualquier palabra, produce una sensación que muchas veces pasa desapercibida. No pregunto por lo que te imaginas al pronunciar una tras otra las sílabas ab-do-men. Te pregunto por tu sensación, por el esfuerzo que deja en tu pecho pronuciar juntas la b y la d. Hay algo trabajoso ¿no? un jaloncito de aire que resulta incómodo. Algo pasa en el cuerpo que no tiene nada que ver con que sepas que el abdomen es parte de lo que hace que un insecto sea un insecto. Lo que sientes también es más inmediato que pensar en heridas, ejercicios y músculos abdominales.
La experiencia de decir abdomen va más allá de que éste sea una región del cuerpo, una zona localizada y localizable, como la región ártica, la antártica o la septentrional (decir septentrional también es toda un aventura para el aparato fonarticulador). En la palabra abdomen tus labios se juntan y a continuación tu lengua se apresura a tocar tus dientes. Estos movimientos tienen sentido porque estás diciendo abdomen, pero intenta pronunciar únicamente la b junto a la d y parecerás un completo idiota.
