miércoles, 6 de junio de 2018
Cristóbal
Ese que sonríe se llamaba Cristóbal. Una tarde, cuando íbamos en tercero de secundaria, la maestra hizo una pregunta sobre cómo lograr la paz en el mundo. Todos mis compañeros tuvieron una opinión, yo me quedé callada pensando que estaban diciendo pendejadas (aunque no hubiera sabido decir por qué). Al final habló Cristóbal y dijo que la paz no era para los seres humanos, que la paz no podía instalarse por completo en ninguna comunidad porque hay una guerra que es imposible terminar, la guerra que cada quien tiene adentro de sí mismo, que siempre habría una guerra en nuestros pensamientos. El salón se quedó en silencio y la maestra tartamudeó un poco antes de pasar a otro tema.
Esa noche Cristóbal y yo nos hicimos novios, cuatro años después él se ahorcó en su habitación. Han pasado 23 años desde entonces y creo que es la primera vez que lo evoco sin un poco de resentimiento.
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