viernes, 15 de abril de 2011

Acting out. I

Tengo unas ganas tremendas y enfermas de mentir ¿Quién cae al agua? ¿Quién se encadenaría las muñecas y se tiraría al lago? ¿O al pantano? ¿O al rio? No se trata sólo de saltar del banco y tensar la cuerda. Ella decidió ir más allá, mucho más lejos. Por supuesto, nunca ha sabido con exactitud cómo ni a dónde.
Hace tiempo deseaba enredarse y perderse hasta desaparecer, pero en vez de eso se casó por la iglesia y tuvo un hijo. Ansiaba tener dos vidas pero aniquiló –o intentó hacerlo- a la mujer que quería promiscuidad y vicios sempiternos. Fornicó una o dos veces en la vía pública y en la madrugada, también viajó a las montañas con el único propósito de alucinar y  estuvo a punto de perder la razón de modo irreversible.
Esa noche comió hongos despreocupadamente, estaba cansada por las horas de viaje, la gente amontonada en las camionetas, el ascenso, el calor…el sexo. Al principio las luces sobre su cuerpo la alegraron, le produjeron una conmoción muy dulce, pero de pronto, lo recuerda bien, todo dio un vuelco por culpa de la penca de sábila que alguien había colgado en una pared de la cabaña, cerca de la cama. Todo se volvió oscuro y pesado. Un mareo la golpeó, después la náusea y finalmente el vómito. Expulsó por la boca y la nariz una gran cantidad de alimañas negras y enlodadas: Serpientes, sapos, arañas y ranas. La purificación le duraría muy poco sin embargo.
Después volvería a comer hongos, todas las veces con música y mesura y en espacios abiertos, para contemplar el paisaje y andar entre la neblina y las luciérnagas. La convicción de que la realidad se multiplica en el espacio y en el tiempo la ha acompañado desde que, luego de llorar cuarenta días y cuarenta noches, se hizo amiga de un hombre que le doblaba la edad y estaba convencido de la magia secreta de las cosas. Luego de la muerte de ese hombre, por mucho tiempo procuró no pensar en eso porque la rutina se le volvía exasperante, como un cerdo haciendo ruido, comiendo desperdicios y pesando toneladas.
Mirada desde afuera no había nada de malo en su rutina: hijos hermosos, empleo agradable, tesis de grado, marido (no podía faltar una piedra en el zapato). Se sabe afortunada pero de todos modos nunca ha sido feliz completamente. Y no lo ha sido a propósito, alguna vez me dijo que la felicidad tenía que ver con la renuncia, la conformidad y la simpleza.

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