¿Qué más?
Una tregua. Un sueño. Un parpadeo y cinco segundos en Wonderland. Había un parque de diversiones en su rostro antes de que se convirtiera en un dragón de Komodo. Todo estaba resuelto entonces, cuando atravesamos el rio para acostarnos en el cielo...Ahora, del trabajo a la casa, hasta los muebles se encuentran inconclusos, ni la risa ni el llanto contienen ya certeza alguna.
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