En ese punto se preguntó por su destino, por el paso siguiente. Se habían los dos desconectado de la realidad cotidiana sobre la alfombra bermellón, arriba y abajo del sillón blanco. Agotada, se quedó a dormir en ese departamento que no era el suyo: era más amplio, estaba más ordenado y más limpio, en un piso mucho más alto. Lejos de su piso discreto en Isla Naranja y a una inconmensurable distancia de su pueblo, de la casa de su madre, de su ropa de granjero y de su primer nombre.
Esa noche entendió, después de varios orgasmos, que su presente y su futuro mantenían una relación de la que su pasado no podía ser sino un rabioso testigo. Por eso no le importó lo que había pasado, sino lo que pasaría. Quería quedarse con él, quedárselo literalmente: tenerlo. Para una mujer que había tenido tan poco y nunca, en realidad, tenido a nadie, la idea contenía una claridad inusual.
- Quiero quedarme contigo- Susurró mientras él comenzaba, de nuevo, a besarle los pies.
- Yo también - Contestó él, al tiempo que la sangre se le agolpaba en el sexo. No hablaban de lo mismo y Roxanna lo sabía, pero decidió aprovechar la confusión.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario