Confiamos en las manos sin razón para hacerlo.
Creemos que son nuestras y que nos pertenecen
sólo porque las tenemos pegadas a los brazos
por ese simple hecho
Pero ellas son extrañas
Si habitaran solas en rincones oscuros, nos provocarían miedo
Si volaran por el aire a las seis de la tarde de regreso a sus nidos
nos producirían una mezcla de asombro con envidia
Si fueran diminutas y anduvieran corriendo en grupo
podrían hacernos cosquillas
o darnos el impulso de aplastarlas usando un matamoscas
Si fueran más grandes que nosotros las encerraríamos en jaulas
Pero no
Tienen el tamaño perfecto y andan con nosotros
parecen domésticas
¿será que les da el aire con frecuencia?
¿será que las conmueven nuestras lágrimas?
¿o que se encariñan con nuestra fragilidad cuando nos alimentan o nos limpian?
Misterio para mí
¿Por qué no me traicionan estas manos? ¿Por qué no me abandonan?
Aunque no por completo, creo en las historias que me cuentan
después de todo, no son pies
Los pies ejecutan su voluntad sin miramientos
Son animales ciegos y sabios, conectados con el pulso onírico del suelo
Si estuvieran puestos al final de los brazos
(terminar esta frase resultaría un dispendio de palabras)

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