viernes, 13 de febrero de 2015

Un viernes extraordinario

Hace mucho que no atravesaba un viernes como este: con mucha basura en las banquetas y demasiados objetos a la venta en un caos de baratijas rosas, abigarradas entre el smog y colgadas del ruido. 
Oí sus voces y reconocí un grupo de narices deformadas por nacer y crecer en contextos malolientes, cerca estaban, por supuesto, los pares de ojos avidriados y las orejas carcomidas, vociferantes, enojadas. Además vi  un número excesivo de niñas prostituidas: una sola.
Disculpen si vomito  verde y rojo o si me hacen una broma y les pongo en las manos un juego de lombrices. Es que de momento todo lo encuentro repulsivo.





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