Lo mejor que podría hacer sería dormir profundamente, pero en su condición es imposible porque tiene el cuerpo cubierto de ojos. Cada poro suyo es un ojo diminuto deseando ver algo, encontrar en la oscuridad una respuesta. Cada uno lanza una pregunta microscópica como una mordida al aire, permanece abierto y ante el vacío, sólo queda el hambre. Los ojos en su piel sienten fastidio pero no se cierran jamás todos al mismo tiempo. Deberían hacerlo, debería ser cuestión de controlar sólo el par de ojos bajo su frente, pero no. Sus millones de ojitos se encuentran anhelantes: los ojos de sus mejillas, los de su abdomen, los ojos en su boca y sus orejas. Los ojos de su sexo y de sus nalgas están enloquecidos, nunca duermen. Los ojos de los pies y de las yemas de sus dedos son, no obstante, los más difíciles de controlar, ellos guardan gran parte de su caos.
Cuando logra cerrar por un instante la mitad de los ojos que posee, entonces, deja de demandarle al mundo todo lo que nadie puede darle y se le quita el miedo. Cree que si pudiera coordinar sus parpadeos, sumirse en la oscuridad completamente, respirar y dejar de desearlo todo a cada instante se sentiría mejor. Ilusa, en ese momento lloraría sangre.

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