En tu oficina las horas pasan lentamente, en especial si están tus
compañeros y si hace calor. Tu escritorio está en el tercer piso, cerca de la escalera y lejos de las ventanas.
Preferirías trabajar en el cuartito de la azotea con
tal de no tener que pasar tanto tiempo rodeada de gente, pero claro, no lo
dirás jamás porque quieres parecer normal. Cuando te sientes cansada bajas a la cocina, te preparas un té deloquehay y vuelves a tu lugar para beberlo mientras
revisas el facebook en tu celular. Escribes alguna estupidez,
asignas algunos likes, juzgas la falta de sensibilidad, el optimismo hueco o el
escaso juicio de tus contactos e intentas un comentario inteligente para algo
que consideras importante.
Antes de que la taza se vacíe, pero cuando el té ya está tibio, regresas
a trabajar. Puc, puc, puc-pucpucpuc, pu, puc, puc, el ir y venir de tus dedos
sobre el teclado te parece un bailecito entretenido, al principio evita que te
duermas pero después de un par de horas se convierte en un arrullo y vuelves a
levantarte. Esta vez vas al baño.
Sigues pensando en tu trabajo: como siempre, anuncias lo efectivo que es el
producto que fabrica la empresa: acaba con cucarachas, hormigas y una amplia
variedad de insectos voladores y rastreros, no tiene ninguna clase de efecto nocivo en los
seres humanos ni en las mascotas, su aroma a rosas se desvanece en cuestión de una hora y no sólo no daña el medio ambiente sino que restaura la capa de
ozono. Llevas en ese empleo casi dos
años y piensas que lo único que no has dicho es que el insecticida es tan saludable como la
leche materna. En esa idea absurda te
detienes, te subes los calzones, te acomodas la falda. Después de lavarte las manos, burlonamente te
sacas una teta frente al espejo y te la
imaginas con el logo del Súper Insecticida: Mata todo, hasta el aburrimiento.
Sería una gran imagen publicitaria ¿Y por qué no? Tienes pechos bonitos, ni muy grandes ni muy pequeños. Jugosos y del tamaño perfecto, según te lo
han dicho varias veces. Tomas tu celular
y enfocas, claro que lo tienes a la mano, no lo dejas ni para ir a mear. Ahí, en el baño de la empresa que produce
el mejor insecticida del mundo, para distraerte te fotografías enseñando una chichi. Revisas la imagen, nada
mal.
De nuevo frente al monitor, no te concentras con rapidez, te inquieta la
foto que tomaste. Con discreción vuelves a verla. Ciertamente es muy buena “¿Mmhh qué haré con esto?” te preguntas. Se la
podrías enviar a ese novio que tienes, pero la relación se ha tornado aburrida y la idea ya no te entusiasma. Publicarla en facebook… eso sería bueno, pero te da pena. Un
poco de pena ¿qué podría pasar? La web
está llena de imágenes mil veces más
atrevidas ¿qué dirían tus contactos? sobre todo ¿qué dirían tus contactas? Seguro
que a tus amigos hombres les gustaría la foto,
tienes algunos listos que la apreciarían sin morbo. Pero tus contactas no van a bajarte de puta y liviana. No es que eso sea
demasiado grave, porque tu problema, de hecho,
es que no eres tan puta ni tan liviana como quisieras. En fin, sigue
haciendo calor, se hace tarde y todavía no acabas de hablar del insecticida:
pucpucpuc, puc---puc ---Puc, puc. Ya
decidirás luego qué hacer con la foto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario