martes, 11 de agosto de 2015

Hay sangre

Voy. Estoy.
Me bañé antes de salir de casa  y no he sudado. Todavía huelo bien, a jabón nada más, me olvidé del perfume. Estoy sentada, incapaz de concentrarme, frente a un escritorio. Hay ruido de aspiradora, hay música. Aire y tiempo. Saludos y sonrisas. Todo está bien, sin embargo hay algo afuera que está hecho trizas, hay sangre seca y fresca sobre cráneos de periodistas, en pechos de niños, sangre revuelta con semen de varios hombres en la entrepierna de mujeres que lloran y tiemblan. Sangre roja o tal vez casi negra, no lo sé, no la he visto pero la llevo encima. De alguna forma la siento entre las manos. No sé cómo me ha salpicado el rostro. De una manera rara es sangre mía, aunque haya salido de otros cuerpos y en otras ciudades. Es sangre mía  aunque no haya corrido por mis venas. También hay llanto y gritos y miedo que sin salir de mí me pertenecen ¿Por qué hay gente hoy que va a ser brutalmente asesinada? ¿Por qué hay madres que escriben poemas para sus hijas violadas y muertas?

Hay cosas que pueden explicarse y por eso mismo resultan de una barbarie inverosímil.

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