Voy. Estoy.
Me bañé antes de salir de casa y no he sudado. Todavía huelo bien, a jabón
nada más, me olvidé del perfume. Estoy sentada, incapaz de concentrarme, frente
a un escritorio. Hay ruido de aspiradora, hay música. Aire y tiempo. Saludos y
sonrisas. Todo está bien, sin embargo hay algo afuera que está hecho trizas,
hay sangre seca y fresca sobre cráneos de periodistas, en pechos de niños,
sangre revuelta con semen de varios hombres en la entrepierna de mujeres que
lloran y tiemblan. Sangre roja o tal vez casi negra, no lo sé, no la he visto
pero la llevo encima. De alguna forma la siento entre las manos. No sé cómo me
ha salpicado el rostro. De una manera rara es sangre mía, aunque haya salido de
otros cuerpos y en otras ciudades. Es sangre mía aunque no haya corrido por mis venas. También
hay llanto y gritos y miedo que sin salir de mí me pertenecen ¿Por qué hay
gente hoy que va a ser brutalmente asesinada? ¿Por qué hay madres que escriben
poemas para sus hijas violadas y muertas?
Hay cosas que pueden explicarse y por eso mismo resultan de una barbarie inverosímil.
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