Estas últimas noches el cuerpo me despierta en situaciones inusuales. Me encuentro destapada y boca abajo con las manos cruzadas en el sexo, o de costado con una pierna forzadamente extendida y la otra doblada a la altura del pecho. Despierto en la oscuridad con los brazos entumidos por dejarlos extendidos en dirección de la cabeza y las piernas colgando fuera del colchón.
Me deshago de las sábanas porque tengo calor y de madrugada, cuando refresca un poco, tengo que gatear a varios metros de la cama para volver a cubrirme. Despierto porque siento que me estoy asfixiando. Es que mis manos me hunden el rostro en una almohada. A veces me muerdo la lengua y me despiertan un dolor localizado y el gusto metálico de la sangre.
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