sábado, 11 de julio de 2015

Alison

Si pudiera hablar contigo te diría, tal como te hablaba de mi vida de vez en cuando por las mañanas, que hoy me siento muy triste, que siento una explosión muy gris en mi cabeza al pensar en tu muerte. De verdad se me llenan los ojos de lágrimas al imaginar que voy a volver al CAT y atravesaré el pasillo para ver tu oficina vacía y no escuchar tu familiar "buenos días" porque casi siempre estaba la puerta abierta y podíamos verte y a veces escucharte trabajar.
Trabajar contigo fue un placer. Siempre serás para mí como una bisagra con el mundo. Era fascinante conversar contigo porque además del trabajo siempre tratabas cosas personales, compartías tu historia, tus experiencias y tus conocimientos de manera generosa, al menos para conmigo. Tus anécdotas jamás se repetían y siempre eran interesantes. Eras una mujer inteligente y divertida, tu sentido del humor era muy particular y ningún inglés mejor que el tuyo para decir las groserías mexicanas. Tu tono de voz me resuena en la cabeza y me vibra loca y amigablemente. Sí te ví enojada algunas veces pero lo que prevalece nítido en mi memoria es cómo te sabías los nombres de mis hijos y conocías mi historia familiar. Hasta llegué a comentarte de pasada cuando tenía problemas con mi marido. Fue un privilegio haber podido aprender de ti y estar segura de que una no tiene que ser perfecta para hacer algo bueno en el mundo. Recuerdo cuando fuiste a mi baby shower y te presente ante mi familia como mi jefa y con gran humildad les dijiste, no, soy su colega. Por supuesto que no, fue un gran honor haber trabajado bajo tu dirección. Tu vida enseña no solamente que los sueños se pueden conquistar, sino que se puede lograr que trasciendan: que de una intención se puede lograr una gran obra, un legado concreto. Algo que deje prueba fehaciente de que hemos pasado por este mundo. Y tu vida deja una huella enorme, bien delineada, profunda y luminosa en muchas vidas, de muchas maneras. A muchos niveles enseñaste cosas a través de JUCONI porque te entregabas a este proyecto con pasión, convencida y abierta. También estabas dispuesta a aprender y eso hizo de ti una gran persona. Una persona muy cabrona en el mejor sentido de la palabra. Estoy segura de que entenderías los que quiero decir.
A estas horas muchas personas en diferentes partes del mundo se encuentran ensombrecidas por tu partida. No quiero decir muerte, porque muerte me remite a un final, a algo seco, incoloro, inexistente. Eso no te pasó a ti. Porque vas a seguir presente en la vida de mucha gente, te vamos a recordar porque nos enseñaste, porque nos compartiste cosas y fuiste una persona genuina. Todos los proyectos que defendiste tienen ya un anclaje material, tu obra ha trascendido la finitud de tu vida. 
Dejas una lección grande y buena. Lamentamos tu muerte de una manera rocosa, como un golpe. Eso es un hecho, pero eso no es lo mas importante porque la tristeza y el dolor que sentimos hoy se nos van a quitar. Ese dicho de que el tiempo lo cura todo, aunque sea un lugar común es verdadero. O a lo mejor es verdadero porque es un lugar común. viéndolo así nuestro dolor es intrascendente, un reflejo, una situación corriente y ordinaria. Ante una persona como tú, Alison, eso no basta. La sola lamentación está bien para la muerte de alguien que conociste de lejos. Se vale llorar hasta un poco por la muerte del vecino al que nunca le hablabas. 
Los que tuvimos la gran oportunidad de conocer a Alison sabemos no será suficiente con lamentar su muerte. Sabemos que lo único decoroso por hacer es celebrar su vida.

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