Yo no escribo desde la certeza sino desde la duda. No me interesan los hallazgos sino el proceso en el que se intentan. Escribo sobre la gente que enfrenta la vida como un juego de avances y retrocesos. Quienes crean que vivir es ir hacia adelante y hacia arriba no van a encontrarse conmigo. Yo estoy irresuelta y en eso soy definitiva. Al diablo la maquinaria, soy todo lo que tengo que ser, pero soy más y tengo que encontrar la poesía en alguna parte. O en todas, nada más porque me da la gana.
La vida es un pájaro de alas enormes que se desangra mientras vuela y a quien quiera de la vida sólo la miel y las hojuelas no lo entiendo. De la vida yo lo quiero todo con tal de que me llegue en libertad: las lágrimas, el lodo, los orgasmos, el baile, el cielo y los zancudos. Mi meta es que las personas sientan algo cuando lean lo que escribo. Si logro que alguien se ría, se preocupe o se inquiete con mis historias, entonces me hago humana. Siento que estoy contribuyendo a darle sentido al mundo y por lo tanto a mi misma. A mí lo que me gusta es escribir. Es así como hablo. Es así cuando soy.
Quiero escribir para quienes han andado a rastras por la mañana, llegan a Júpiter por la tarde y en la noche se comen un pan y fornican rabiosamente.

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